lunes, 4 de julio de 2011

nota tribuno de salta sobre Hipólito Yrigoyen


Hoy se cumple un nuevo aniversario de la muerte del ex presidente Hipólito Yrigoyen. Seis meses antes había estado detenido -por segunda vez-, en la isla Martín García. El gobierno de Justo lo acusó de subversivo y lo envió a la cárcel cuando tenía algo más de 80 años.

Luego de un mes de prisión, tres médicos aconsejaron su liberación por su delicado estado de salud. Llegó a Buenos Aires y sólo su hija y la secretaria lo esperaban. Sus movimientos eran lentos y con mucha dificultad pudo subir al coche policial. Cuando llegaron a su casa de dos plantas, la escalera fue un suplicio.

Estaba muy enfermo y dos meses estuvo en manos de médicos por un problema de garganta. Mejoró algo en marzo y de inmediato pensó en viajar a Córdoba, Brasil o Uruguay. Al final, el 5 de abril se fue a Montevideo pero antes de mayo tuvo que regresar por la muerte de su hermana, duelo que agravó su enfermedad. Por esos días otra pena lo aquejó: la muerte de Uriburu, su enemigo. Reconoció ante sus íntimos que la noticia lo afectaba.

Días después mejoró. Estaba sólo con su hija y la secretaria pero de sus amigos y ex ministros, nada sabía. Vuelve la afonía, el decaimiento y ya casi ni se levanta. Don Hipólito sabe que se acerca el fin.

Manuel Gálvez, uno de los mejores biógrafos de Yrigoyen cuenta sobre sus últimos días: “No lee ni hace nada. Escucha, con expresión melancólica y serena, todo lo que le cuentan del mundo exterior. Y así llega el primero de julio, cuando aparece la gravedad de su mal.

Un fraile dominico, amigo suyo desde hace años, va a visitarle. Hipólito Yrigoyen, que quiere morir como cristiano, resuelve confesarse. Y el sacerdote se prepara para oirle....

Después de confesarse, agrega unas palabras y pide que sean trasmitidas a los jefes del radicalismo: “No quiero una gota de sangre, pero, si es posible, quiero la unión del partido”.

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